El zorro se calló y miró largamente al principito:
- Por favor... domestícame ! – dijo.
- Me parece bien – respondió el principito -, pero no tengo
mucho
tiempo. Tengo que encontrar amigos y conocer muchas cosas.
- Sólo se conoce lo que uno domestica – dijo el zorro. – Los
hombres ya no tienen más tiempo de conocer nada. Compran cosas ya
hechas a los comerciantes. Pero como no existen comerciantes de amigos,
los hombres no tienen más amigos. Si quieres un amigo, domestícame
!
- Qué hay que hacer ? – dijo el principito.
- Hay que ser muy paciente – respondió el zorro. – Te sentarás
al principio más bien lejos de mí, así, en la hierba.
Yo te miraré de reojo y no dirás nada. El lenguaje es fuente
de malentendidos. Pero cada día podrás sentarte un poco más
cerca...
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